Imanes con fotos. Sonrisas magnéticas.

Fotos en imán para la nevera

7:30 AM. Suena el despertador.

Me levanto, voy al baño y me miro en el espejo. El mismo pelo apelmazado de cada mañana, la misma cara de sueño suplicándome dormir cinco minutos más. Pero no hay tiempo para eso.

Me lavo la cabeza y me pregunto una vez más si el vecino me estará maldiciendo por destrozar el silencio matutino con el estruendo del secador. Vuelvo a la habitación y me visto con mis pantalones favoritos, una camiseta limpia y las cómodas All-Star. Hoy va a ser un día duro.

Voy hacia la nevera para prepararme el desayuno mientras me pregunto por qué narices está todo tan mal montado, qué me impide quedarme allí, saliendo a pasear y a disfrutar de la mañana bajo el sol, sin mayor pretensión que disfrutar de un buen café mientras leo un libro. En días así de maravillosos debería estar prohibido trabajar.

Entonces la veo.

Veo sus ojos negros y brillantes al sonreír mientras me mira, en una de nuestras primeras fotos. Veo cómo pone cara de sorprendida frente al cartel de aquel festival de cine. Cómo mira al mar, sentada, mientras disfruta de una rojiza puesta de sol en las playas de Ibiza, en las vacaciones del verano anterior.

Los imanes en la nevera me recuerdan foto a foto un puñado de momentos que me hacen sonreír. Me hago un vaso de leche a toda prisa, lo acompaño con un pastelito de almendras del que rindo cuentas en dos bocados y, después de echar un ojo a la cama para verla por última vez hasta dentro de 10 horas, salgo corriendo de casa para no perder el tren.

Quiero aumentar mi colección de imanes. Y hay mucho trabajo que hacer.

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